La historia de María Celia: reflexiones en torno a la reconstrucción
de la experiencia del insilio
Antonella Di María
Anuario Nº45 / ISSN 18538835 / 2026
https://anuariodehistoria.unr.edu.ar/index.php/Anuario/index
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La historia de María Celia: reflexiones en torno a
la reconstrucción de la experiencia del insilio
The story of María Celia: reflexions on the reconstruction
of the experience of insilio
ANTONELLA DI MARÍA
Universidad Nacional de Rosario
antoneladim@gmail.com
RESUMEN
Este artículo reconstruye la historia de vida de una mujer que, debido a su militancia
político-partidaria, fue perseguida por el aparato represivo estatal durante el terrorismo
de Estado y recurral insilio como estrategia de supervivencia. En función de ello y a
partir de las herramientas de la historia oral, nos proponemos, por un lado, indagar en
la narrativa de María Celia y en la forma en que reconstruye una experiencia que
transformó profundamente su subjetividad: la fragmentación de sus vínculos sociales y
políticos componentes centrales de su identidad y la conformación de nuevas redes
en un contexto signado por prácticas de ocultamiento. Por otro lado, se ofrecerá una
reflexión sobre la figura del/la insiliado/a y la relación entre una historia individual y
un colectivo social que busca romper con el silencio y exige el reconocimiento de su
protagonismo histórico. El objetivo de este trabajo es contribuir a la visibilización de la
experiencia del insilio a partir del análisis de una historia de vida.
Palabras clave: insilio, historia de vida, identidad, historia oral.
ABSTRACT
This article reconstructs the life story of a woman who, due to her political militancy,
was persecuted by the state's repressive apparatus during state terrorism and resorted
to “insilio(internal exile) as a survival strategy. To this end, and drawing on the tools
of oral history, we aim, on one hand, to enquire into Maria Celia’s narrative and the way
she reconstructs an experience that profoundly transformed her subjectivity: the
fragmentation of her social and political ties -central components of her identity- and
the formation of new networks in a context marked by practices of concealment. On the
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other hand, a reflection will be offered on the figure of the “insiliado/a” (internally exiled
person) and the relationship between an individual story and a social collective that
seeks to break the silence and demands recognition of its historical protagonism. The
objective of this work is to contribute to making the experience of internal exile visible
through the analysis of a life story.
Keywords: insilio, story of life, identity, oral history.
Introducción
Desde mediados de la década de 1970 hasta la finalización de la última
dictadura militar en 1983 se implementó en Argentina un plan sistemático de
represión estatal que articuló distintos ámbitos, organismos y agencias que
funcionaron como parte de una misma maquinaria represiva organizada y
dirigida centralizadamente por las Fuerzas Armadas, con características
estructurales comunes (tales como el accionar clandestino, secuestro, tortura y
desaparición de personas) que se desplegaron a escala nacional a través de los
aparatos y recursos del Estado. Este ejercicio de la represión es condensado en
la noción de “terrorismo de Estado”, ampliamente difundida en el ámbito de los
derechos humanos y la justicia, así como en el espacio público y político (Águila,
2016). La represión estuvo dirigida principalmente hacia aquellos grupos e
individuos identificados como “delincuentes subversivos” o “delincuentes
terroristas”, es decir, personas con algún grado de participación en
organizaciones armadas, centros de estudiantes, sindicatos, entre otros
espacios de militancia. No obstante, el objetivo del aparato represivo no se limitó
a la persecución de militantes o a la eliminación de organizaciones políticas,
sino que también procuró desmantelar redes sociales, políticas y familiares, con
el fin de destruir el entramado del movimiento social y político al que
pertenecían (Águila, 2008). Esta forma de represión, que ubicaba al “enemigo”
dentro de las fronteras nacionales, no fue exclusiva de la Argentina, sino que,
se inscribió en un plan de alcance regional que afectó a todo el Cono Sur, en el
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marco de la denominada Doctrina de Seguridad Nacional
1
(Coraza de
los Santos & Gatica, 2019).
En este contexto, algunas personas vieron limitadas sus opciones y encontraron
en la movilidad una estrategia para salvarse. En este sentido, Coraza de los
Santos (2020) señala los elementos constitutivos de lo forzado de las
movilidades: como primer aspecto, se producen como una respuesta al accionar
de un agente externo percibido como una amenaza. En segundo lugar, el
desplazamiento se produce en forma de huida, con escasa o nula planificación,
limitados recursos económicos y, por último, con la imposibilidad de retorno.
Dentro de estas movilidades, el autor incorpora los “desplazamientos forzados
internos”, una de cuyas modalidades interesa particularmente en este artículo:
el insilio. Se trató de una forma de afectación del terrorismo de Estado que
implicó, una estrategia de supervivencia adoptada por aquellas personas que
debieron trasladarse y/o camuflar sus identidades dentro de los territorios
nacionales. El concepto de insilio constituye un neologismo cuya definición se
encuentra en permanente construcción y en diálogo constante con la noción de
exilio, ya que se construye a partir de este (Saidón, 2024) y busca nombrar un
silencio histórico. Este concepto nos servirá como herramienta para indagar en
la memoria de María Celia y analizar la reconstrucción que ella hace de su
experiencia de movilidad.
Metodológicamente, la historia oral constituye una herramienta privilegiada
para el abordaje del insilio, ya que permite recuperar este tipo de memorias
individuales que fueron silenciadas tanto por una sociedad que no reconoció
esta experiencia como parte de su pasado y por las/los propias/os protagonistas
a quienes el terror, la persecución y la clandestinidad calaron muy hondo en su
subjetividad y en su forma de recordar, olvidar y silenciar esa experiencia
(Kippes & Ortiz, 2023). Además, la historia oral contribuye a acceder a estas
subjetividades y experiencias a la vez que a analizar e interpretar el contenido
de lo narrado y enmarcarlas en un proceso colectivo. De esta manera, asumimos
la entrevista como un espacio de construcción conjunta entre entrevistador/a y
entrevistado/a, donde intervienen subjetividades, saberes y preconceptos.
Además, entendemos el papel del/a entrevistador/a desde un rol activo ya que
su intervención implica la búsqueda deliberada de recuerdos, así como la
generación de reflexiones y valoraciones significativas por parte del/a
entrevistado/a. A través de sus preguntas y observaciones, el entrevistador/a
interpela al sujeto, lo impulsa a revisitar su experiencia y a reexaminarla
críticamente. Esta dinámica contribuye a que el testimonio producido contenga
1
La Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) funcionó como uno de los fundamentos ideológicos de
las dictaduras del Cono Sur. No obstante, tuvieron diferencias sustanciales en su aplicación
nacional. Para mayores detalles sobre los debates sobre la naturaleza de los regímenes
dictatoriales, véase Lvovich (2023).
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indicios internos de confiabilidad, validez y relevancia, los cuales
complementarán y enriquecerán el análisis (Pasquali, 2014). Sin embargo,
debemos tener en cuenta ciertas consideraciones. Por un lado, al tratarse de la
reconstrucción de experiencias que no fueron reconocidas por la sociedad como
parte de su memoria colectiva, tal como ocurre en nuestro caso y en muchos
otros similares, se trata de los primeros relatos que las personas construyen
sobre sus vivencias, lo cual implica revisitar recuerdos marcados por un
profundo dolor. Por otro lado, el trabajo con un concepto que fue elaborado
posteriormente a los hechos y que la entrevistada conoció a partir de las
entrevistas realizadas en este proyecto supone el desafío de evitar imponer
categorías analíticas ajenas a su experiencia.
El presente artículo constituye una primera aproximación investigativa cuyo
propósito es analizar la reconstrucción de la historia de vida de una mujer que,
debido a su militancia político-partidaria, fue objeto de persecución por parte
del aparato represivo estatal al ser catalogada como “subversiva” y frente a ello
recurrió al insilio como estrategia de supervivencia. Nos proponemos, entonces,
por un lado, indagar en la narrativa de María Celia y en la forma en que
reconstruye una experiencia que transformó profundamente su subjetividad: la
fragmentación de sus vínculos sociales y políticos componentes centrales de
su identidad y la conformación de nuevas redes en un contexto signado por
prácticas de ocultamiento. Por otro lado, se ofreceremos una reflexión sobre la
figura del insiliado/a y la relación entre una historia individual y un colectivo
social que busca romper con el silencio y exigir el reconocimiento de su
protagonismo histórico.
Desde estas premisas, el trabajo que presentamos a continuación se organiza
en tres apartados. En primer lugar, presentaremos el camino que condujo a la
elección de nuestra entrevistada y por qel insilio nos sirvió como herramienta
clave para analizar su narrativa. En segunda instancia, se explorará la
experiencia de vida de María Celia centrándonos en los inicios de su militancia
y los cambios que transformaron su subjetividad producidos por la represión
desatada durante el tercer gobierno peronista y la última dictadura militar. Por
último, retomaremos las conclusiones que ella misma recupera con respecto a
su trayectoria y el uso del concepto de insilio. El objetivo de fondo de este trabajo
es contribuir a la visibilización de la experiencia del insilio a partir del análisis
de una historia de vida y sus memorias, con la convicción de abonar a una
representación más compleja y diversa de los/as represaliados/as de la última
dictadura militar en Argentina.
¿Por qué María Celia? El desafío de entrevistar a una militante
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La elección de la testimoniante no es casual. En la actualidad, con
María Celia
2
compartimos la militancia en un espacio de derechos humanos
denominado Documenta Baigorria.
3
Se trata de un grupo de vecinos que lucha
para que el ex Centro Clandestino de Detención “La Calamita”
4
se convierta en
un sitio de memoria. Este nculo compartido, tanto político como afectivo,
permitió que, a lo largo del tiempo, pudiera reconstruir de manera progresiva
aspectos de su trayectoria militante a partir de conversaciones informales,
aunque muchas veces fragmentarias. No obstante, con este trabajo como
objetivo, se realizaron dos entrevistas, una el 24 de diciembre de 2024 y otra el
17 de junio de 2025. Ambas tuvieron lugar en su hogar, en un espacio íntimo
como lo es el comedor de su casa, lo que posibilitó una conversación distendida.
Estos encuentros fueron fundamentales para organizar la información
previamente dispersa y, a través de la metodología de la historia oral, elaborar
una reflexión histórica sobre su experiencia de vida. En la primera entrevista se
apeló a la estrategia de dejar hablar para que la testimoniante articule por
misma su relato desde la primera infancia, sin interrumpir demasiado con
preguntas acerca de los acontecimientos que me preocupaban desde el
presente. En cambio, en el segundo encuentro, indagué específicamente en la
experiencia insiliar y sus reflexiones en torno a ella.
El interés específico en el insilio emergió en agosto de 2022, durante un viaje
que realizamos juntas a la provincia de Chubut con motivo de la conmemoración
2
La mención sólo del nombre de nuestra entrevistada fue una decisión personal, adoptada sin
consulta previa. Una vez presentado este trabajo, inicialmente como ponencia en el Congreso de
la Asociación de Historia Oral de la República Argentina (AHORA) (Universidad Nacional de
Catamarca, agosto de 2025) y luego de ser leído por muchos amigos y conocidos, María Celia me
sugirió omitir su nombre para evitar una exposición excesiva y reemplazarlo por el “nombre de
guerra” que utilizó durante su período de militancia clandestina: “la Abuela”. Sin embargo, luego
de varios meses y en el contexto de la transformación de este trabajo en un artículo, retomé la
pregunta acerca de la conformidad con la mención de su nombre. En esta oportunidad, su
respuesta fue afirmativa sin dudarlo. Este cambio podría considerarse como parte del proceso de
resignificación de su propia historia, proceso que se fue construyendo a lo largo de las entrevistas
y la presentación pública de este trabajo.
3
Documenta Baigorria es un colectivo surgido en el o 2011 en la ciudad de Granadero
Baigorria, Santa Fe con el objetivo de reunir, sistematizar y preservar la información dispersa
existente sobre el ex Centro Clandestino de Detención “La Calamita”, al tiempo que retoma y
continúa la lucha por la conversión de este espacio en un sitio de memoria iniciada una década
antes en la misma ciudad, en el año 2001, por la Comisión Popular por la Memoria.
4
Este ex CCD se encuentra en la ciudad de Granadero Baigorria, Santa Fe. Este predio perteneció
a distintos propietarios privados hasta que en 1975 fue alquilada por el II Cuerpo del Ejército y
utilizada como Centro Clandestino de Detención. A partir de la información recabada en el último
juicio titulado “Guerrieri IV” se puede constatar que este centro funcionó bajo la órbita del
Batallón de Inteligencia 121 desde 1976 hasta aproximadamente 1977 cuando el grupo represivo
decidió abandonar el lugar ya que el mismo se encontraba “marcado”. Este predio perteneció a la
familia Benzadón hasta 2024 cuando el Estado provincial, a partir de años de luchas por parte
del movimiento de derechos humanos, tomó posesión del mismo luego de un acuerdo de donación
con los dueños. Para s información sobre “La Calamita” y Documenta Baigorria, se puede
visitar la página web lacalamita.net.ar
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por los 50 años de la Masacre de Trelew.
5
Allí compartimos estadía con el
colectivo de ex presos de Coronda, El Periscopio,
6
junto con sobrevivientes de la
cárcel de Devoto, exiliados y sobrevivientes de Centros Clandestinos de
Detención. Durante aquellos as, circularon múltiples relatos de militancia,
secuestro, detención y posterior organización en diversos espacios de memoria
y derechos humanos. Sin embargo, en medio de esas experiencias, surgió una
pregunta clave: ¿dónde ubicar la vivencia de María Celia? Al no haber sido
detenida ni exiliada, su experiencia no se inscribía fácilmente en los marcos
reconocidos por estos colectivos ¿Tiene nombre lo que vivió? Fue recién al año
siguiente, durante un curso extracurricular sobre historia reciente en la
Facultad de Humanidades y Artes, que una de sus docentes en su intervención
introdujo la noción de exilio interno e insilio durante la última dictadura militar.
A partir de allí, el concepto de insilio se convirtió en una herramienta clave para
comenzar a explorar, con mayor profundidad, la historia de vida de María Celia.
La experiencia de la entrevista presentó múltiples desafíos, no sólo
metodológicos, sino también afectivos y políticos. La primera respuesta que
ofreció ante la invitación a compartir su historia fue: “¿a mí? Si yo no soy tan
importante”. Esta frase, que puede parecer anecdótica, es una postura
recurrente entre muchas mujeres militantes, especialmente aquellas de base o
de segundas y terceras líneas. Se trata de una tendencia a minimizar su
participación política, incluso cuando han asumido un rol activo con la
transformación social, interviniendo de manera directa en la realidad (Pasquali,
Ríos & Viano, 2006). También, puede deberse a un mecanismo de autocensura
ante una vivencia de profundo dolor y silencio. No obstante, a lo largo de los
encuentros se dio un proceso de resignificación y revalorización de su
experiencia.
Maria Celia nació en 1956 en San Luis, pero en los primeros años de su
adolescencia, por cuestiones económicas, tuvo que mudarse a la ciudad de
Santa Fe, a vivir con sus tíos. Ante la pregunta sobre los inicios de su militancia,
María Celia la enmarca en sus 15 años con su participación como familiar de
presos políticos cuando acompañaba a su tía a visitar a la cárcel a su marido,
“Fredy” Ernst, quien era militante montonero.
7
Relata con detalle aquellas
5
En agosto de 1972, después de un intento de fuga del penal de Rawson, 19 presos políticos
fueron trasladados a la base militar Almirante Zar y quedaron bajo jurisdicción de la Marina de
Guerra. En la madrugada del 22 de agosto fueron fusilados 16 de ellos, tres de los cuales
sobrevivieron a las ejecuciones y su testimonio sirvió para reconstruir la “masacre de Trelew”
(Ríos, 2024).
6
“El Periscopio” es una Asociación Civil que aglutina a los ex presos políticos de la Cárcel de
Coronda, Santa Fe (Asociación Civil El Periscopio, 2021).
7
Mario “Fredy” Ernst ("El Mormón") fue uno de los fundadores de Montoneros en Santa Fe y será
una figura central en los inicios de la militancia de María Celia. Fredy fue estudiante y luego
profesor de la Facultad de Ingeniería Química en Santa Fe (UNL) y uno de los jóvenes más
influyentes dentro del Ateneo Universitario (uno de los grupos que luego convergieron en
Montoneros Santa Fe). Este importante reconocimiento viene dado tanto desde sus pares como
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visitas a la cárcel de Coronda, en donde entabló charlas y vínculos de
amistad con distintos presos: “yo conocí un montón de jefes Montoneros y del
ERP (...) Y en el patio estábamos todos juntos, compartiendo, que eran todos
pibes, ¿viste?”
8
En Santa Fe, en 1972 se vinculó a la Juventud Peronista a través de su tío y
comenzó su formación política en medio de una sociedad movilizada, el líder
Juan Domingo Perón exiliado y el Partido Justicialista proscripto, señalando
principalmente la campaña del “Luche y Vuelve”. Participó en acciones tales
como los “actos relámpago” y la distribución de panfletos:
con Oscar
9
fuimos, me acuerdo, poníamos, había ferias en la calle y
llevábamos una bomba panfletaria a las ferias. Entonces era una lata con
panfleto y abajo una bomba de estruendo que cuando la prendías tiraba todo
el panfleto y vos ya te habías ido (...) era una actividad de panfletear, no mano
a mano porque te metían en cana.
10
Define como “muy glorioso” el momento de la coyuntura del retorno de Perón y
al triunfo electoral de Héctor Cámpora en 1973. En su escuela secundaria
fundó, junto a otras compañeras, la agrupación Unión de Estudiantes
Secundarios (UES).
11
Al respecto relata: “Yo ya estaba, digamos, inserta en toda
esa militancia, entonces dije, bueno, yo me tengo que encuadrar donde estoy
más tiempo, que es en la escuela.
12
Los años 1972 y 1973 los describe con
mucho detalle, tanto las actividades realizadas como las discusiones acaloradas
que se desarrollaban constantemente, principalmente en el comedor
universitario al que asistía muchas veces antes de ir a la escuela ya que su
hermano trabajaba al de mozo. Considera este período como sus años de
militancia más activa, señalando la masividad en las convocatorias y
remarcando siempre su juventud y alegría.
los Servicios de Inteligencia que operaban en ese momento que lo identificaron como uno de los
principales referentes de la agrupación (Raina, 2025). El 18 de julio de 1975 fue secuestrado en
Córdoba y al día siguiente sus restos aparecieron en la localidad cordobesa de Río Ceballos (Raina,
2024)
8
Entrevista realizada el 24/12/2024.
9
El compañero al que se refiere en esta cita se trata de Oscar Winkelmann, dirigente de la JP que
lamentablemente estuvo detenido “La Calamita” y luego asesinado. Sus restos fueron
identificados en 2013 por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) entre los ocho
cadáveres hallados en una fosa común del Campo Militar San Pedro, propiedad del Ejército
situada en cercanías de Laguna Paiva.
10
Entrevista realizada el 24/12/2024.
11
La Unión de Estudiantes Secundarios (UES) nació en 1953 para acercar a los estudiantes
secundarios al segundo gobierno de Perón. No obstante, en abril de 1973, las y los estudiantes,
siguiendo la línea política que arengaba la Tendencia Revolucionaria, refundaron la UES como
una organización que reunía a las agrupaciones estudiantiles peronistas y se sumaban a la
creciente actividad política de masas de Montoneros (Raina, 2025)
12
Entrevista realizada el 24/12/2024.
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Al terminar la secundaria, decide ir a estudiar Economía Política a la ciudad de
Córdoba ya que sus tíos se habían ido a vivir allí: “para un gobierno
revolucionario era muy importante la Economía Política”.
13
En la Universidad,
a partir de un contacto de su tío, comenzó a militar en la Juventud Universitaria
Peronista (JUP),
14
en un contexto más convulsionado que Santa Fe.
15
Sus
recuerdos de esta etapa se centran en el avance de la derecha, tanto sindical
como universitaria, y el aumento de la represión. Resulta muy significativo como
relaciona este momento con prácticas del presente principalmente con el
“Protocolo Bullrich”
16
que se había comenzado a implementar pocos días antes
de la primera entrevista con el objetivo de perseguir y reprimir la protesta social.
Uno de los desafíos al entrevistar a María Celia fue construir su identidad
militante. Previo a la realización de la entrevista, me encontraba convencida de
que nuestra entrevistada estaba encuadrada en Montoneros.
17
No obstante, si
bien a lo largo de las entrevistas se evidencia una estrecha vinculación a
Montoneros, nuestra entrevistada nunca se asumió como integrante de esa
organización y en cambio sí lo hizo como integrante de la JUP.
A.D: Hay algo que no me queda claro, ¿cuándo arrancaste en Montoneros?
M.C: No, no. Yo nunca milité en Montoneros como espacio armado, digamos.
Desde la JUP nosotros adheríamos a la lucha armada y desde un grupo que
yo participaba más específico de la JUP participábamos de algunas acciones
13
Ídem.
14
La Juventud Universitaria Peronista (JUP) fue, junto con la Unión de Estudiantes Secundarios
(UES), una organización de masas destinada al trabajo político de superficie en el frente
estudiantil de Montoneros. Desde que se inició la Revolución Libertadora y los primeros años
sesenta, las y los universitarios venían atravesando un proceso de peronización. Este sector, lejos
de mantenerse aislado al momento de converger la protesta social y la radicalización política, fue
profundamente impactado por las nuevas corrientes ideológicas y políticas que impulsaron la
radicalización de amplios sectores estudiantiles. Estos comenzaron a cuestionar tanto el orden
institucional universitario como el sistema social en su totalidad. Es así que durante la Revolución
Argentina se produjo la máxima tensión y cuestionamiento al gobierno de Onganía y al sistema
social en general, siendo el sector estudiantil e intelectual duramente reprimido en ese período.
Como contrapartida, el movimiento estudiantil se radicalizó aún más tanto en sus discursos como
prácticas. De esta manera, las y los estudiantes universitarios peronistas convergieron desde fines
del año 1972 en casi todas las Universidades Nacionales del país, en la llamada Juventud
Universitaria Peronista (JUP) (Raina, 2025).
15
A diferencia de Santa Fe, nuestra entrevistada destaca la masividad de las asambleas y las
luchas en las calles cordobesas, “toda una cosa efervescente”. Entrevista realizada el
24/12/2024.
16
Se trata de la resolución 943/2023, publicada en el Boletín Oficial, que establece el "Protocolo
para el mantenimiento del orden público ante el corte de vías de circulación". La medida fue
impulsada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich para impedir y reprimir la protesta
social que deriva del fuerte ajuste implementado por la administración de Javier Milei. Más
información: https://www.pagina12.com.ar/695542-se-oficializo-el-protocolo-de-patricia-
bullrich-contra-la-pr
17
Organización armada de la izquierda peronista que ingresó en la política con el secuestro y
posterior asesinato del general Aramburu en 1970. Tuvo un notable crecimiento en su superficie
a partir de la construcción de frentes de masas propios que participaron de la campaña electoral
para la vuelta de Perón al país. Para un abordaje de Montoneros en Santa Fe ver Raina (2025).
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que no eran armadas, eran ir a cortar un puente, quemar un colectivo, (...)
pero no, no.
A.D: ¿Alguna vez lo consideraste?
M.C: Yo no quería dar ese otro paso (...) yo prefería más lo político que lo
armado (...) Algunos de la JUP estaban también encuadrados [en Montoneros],
habían recibido entrenamiento y podían participar de algunas actividades
militares. Yo podía participar de algunas actividades como comando activista
pero no de la lucha armada. Yo no participé de eso.
18
También surgieron algunas críticas y análisis desde el presente sobre esa
militancia. Principalmente, señala el verticalismo de estas organizaciones, la
poca importancia a las discusiones sobre posicionamientos internos y
sectarismo “éramos nosotros los únicos dueños de la verdad”
19
pero también
señala cierta “ignorancia” y la “inocencia” ante el avance de la derecha dentro
del propio peronismo: “confiábamos que lograr que volviera Perón era como
hacer la revolución ¿no? Muy lejos de conocer cuál era la realidad de Perón,
lamentablemente, pero bueno… eso, te imaginás, yo tenía 17 años, era
absolutamente inocente”.
20
En julio de 1975, su tío fue asesinado. Este acontecimiento es mencionado
únicamente con el fin de explicar que la represión se había recrudecido y que
Montoneros había pasado a la clandestinidad. En contraste con la brevedad del
relato de las circunstancias de la muerte de su tío, la entrevistada se detiene a
dar cuenta detallada del asesinato de la familia Pujadas,
21
de la que era
integrante una de sus compañeras de la JUP. Luego de estos hechos, su tía se
18
Entrevista realizada el 17/06/2025.
19
Entrevista realizada el 24/12/2024.
20
Ídem.
21
La familia Pujadas respondía a una tradición de militancia política reconocida socialmente que,
a partir del asesinato de Mariano Pujadas en la “Masacre de Trelew” en 1972, fueron víctimas de
un proceso de estigmatización que desembocó en su secuestro y asesinato. En la madrugada del
14 de agosto de 1975, José María Pujadas (padre), Josefa Badell, José María Pujadas (hijo), María
José Pujadas y Mirta Bustos fueron secuestrados de su casa familiar en Guiñazú, camino a Jesús
María, ciudad del centro-norte de la provincia de Córdoba. Josefa Badell de Pujadas fue asesinada
en el acto, mientras que el resto de la familia fue ejecutada horas más tarde camino a Alta Gracia,
ciudad ubicada en la región central de la provincia de Córdoba. Luego de ejecutados, fueron
arrojados a un pozo y dinamitados. Solo sobrevivió Mirta Bustos, pareja de José María Pujadas
(hijo). La acción fue firmada por el “Comando Restaurador Nacionalista Comando Pantera” y los
restos de la familia fueron inhumados en el cementerio San Jerónimo, emplazado en pleno barrio
Alberdi, ubicado en zonas cercanas al centro de la ciudad de Córdoba. Todos presentaban signos
de tortura antes de haber sido asesinados. Este caso adquirió gran repercusión en los medios
periodísticos de la época y muestra la espectacularización del horror” en donde los cuerpos
violentados eran mostrados con mensajes de advertencia por parte de los perpetradores, dirigidos
a la población en general y a las organizaciones militantes en particular. El modelo represivo al
que fueron sometidos los Pujadas está en estrecha relación con la formación del Comando
Libertadores de América (CLA), una organización dependiente del III Cuerpo del Ejército que
plasmó el ingreso activo del Ejército en la represión clandestina del Estado (Ríos, 2024).
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vuelve a vivir a Santa Fe y María Celia se muda con su primo, quien era también
militante de la JUP y convivía con su novia quien no era militante.
Al momento del golpe de Estado de 1976, María Celia se encontraba trabajando
en el área de imprenta de Montoneros, colaborando específicamente en la
producción de la revista Evita Montonera.
22
Unos meses después, el 9 de julio,
tuvo lugar un episodio que constituiría un punto de inflexión y el inicio de su
movilidad: una patota militar, acompañada por dos compañeros militantes,
irrumpió en su domicilio, donde se estaba llevando a cabo una reunión de la
dirigencia del partido. Si bien María Celia no se encontraba presente en ese
momento, sí lo estaba su primo que logró escapar, aunque no así la pareja del
mismo, quien permanece desaparecida. A partir de este hecho, María Celia
ingresó a la clandestinidad total.
Posteriormente se trasladó a Buenos Aires junto a un grupo de 20 militantes de
Córdoba. Allí, al principio se sintió aliviada por el anonimato que le brindaba la
gran ciudad a comparación de Córdoba, en donde remarca “nosotros [en
Córdoba] estábamos encerrados, no podíamos ni ir a comprar pan”.
23
No
obstante, el 11 de abril de 1977 su compañero Carlos fue secuestrado y ella
decidió retirarse de la organización, dejar de usar seudónimos y documentos
falsos y se trasladó primero a Santa Fe y luego a Rosario.
El paso por Buenos Aires y la desaparición de su pareja muestran un cambio
de ritmo en la entrevista. Mientras que los relatos anteriores se caracterizaban
por una fluidez narrativa con escasas interrupciones, a partir de este momento
el testimonio se torna más fragmentado, con largos silencios y la necesidad de
repreguntas para obtener más información. No obstante, María Celia evita
profundizar sobre Carlos, posiblemente porque asumió que ciertos datos ya
habían sido compartidos en conversaciones informales previas, o bien porque
decidió, en ese momento, no revivir un episodio particularmente doloroso. Se
limita a mencionar que su compañero “cayó” a raíz de una cita. Según su
interpretación, no se trató de una operación de inteligencia planificada por parte
de las fuerzas represivas, sino de una consecuencia de la información extraída
bajo tortura: “la gente bajo tortura te cantaba”,
24
afirma. Hacía ya un tiempo
que María Celia venía contemplando la posibilidad de desvincularse de la
organización, con la intención de continuar su militancia desde otro espacio,
más barrial, ya que “no era militancia, era huir”
25
y los encuentros frecuentes
22
Evita Montonera fue un órgano de prensa de circulación clandestina que llegó a publicar 69.000
ejemplares en un año, con la tarea de formar políticamente a los cuadros de la guerrilla, las
milicias y las agrupaciones de masas, en un contexto de creciente represión estatal y paraestatal
(Campos, 2024).
23
Entrevista realizada el 24/12/2024.
24
Ídem.
25
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con otros compañeros implicaban un riesgo creciente. Esta diferencia
estratégica generó tensiones con Carlos, con quien no logró consensuar una
salida común. Sin embargo, tras su secuestro, ella tomó la decisión de
abandonar la organización y continuar desplazándose como forma de
resguardar su integridad. Una semana más tarde, logró reunirse con su
responsable político y le comunicó formalmente su decisión de retirarse.
Seguidamente, se le planteó la pregunta sobre el exilio:
A.D: ¿Nunca pensaste en el exilio?
M.C: No. Me lo ofrecieron cuando allanaron mi casa, en Córdoba. Estaba… El
papá de mi primo, mi tío y mi tía estaban en Córdoba porque habían ido a
visitar a la familia para el 9 de julio (...)
A.D: ¿Y el exilio que te ofrecían dónde era?
M.C: No, irme al exterior. Mi tío nos ofreció a mi primo y a siqueríamos
irnos y los dos dijimos que no…
A.D: [Interrumpo el silencio] ¿Esa fue la única oferta o después que
secuestraron a Carlos vuelve otra vez una oferta?
M.C: Y cuando estábamos con Carlos también la familia nos ofrecía que nos
fuéramos… Y… también, bueno, no [con voz muy baja]. Y después que lo
secuestran a Carlos también. Pero yo… menos que menos, a me parecía
que yo tenía que buscarlo a Carlos, porque en ese momento uno ni sabía que
era esto del secuestro, dónde estaban. Muy poco sabíamos de los centros de
concentración. (...) Pero sí teníamos la idea que si vos caías era para siempre.
Que era muy raro que te salvaras, que te mataban. No teníamos esta idea que
te tenían vivo o secuestrado tanto tiempo, algunos, no todos.
26
La negativa de María Celia a considerar el exilio como una alternativa resultó
significativa, ya que su decisión no estuvo motivada prioritariamente por la falta
de recursos económicos para residir en el exterior, sino por su determinación
de permanecer en el país para continuar la búsqueda de su compañero.
El primer destino tras su paso por Buenos Aires fue la ciudad de Santa Fe,
donde se refugió temporalmente en la vivienda de su tía. Sin embargo, debido a
que se trataba de un entorno en el cual su presencia era fácilmente identificable,
la permanencia en ese lugar implicaba un riesgo considerable. Ante esta
situación, su tía le aconsejó trasladarse a Rosario por dos razones principales:
por un lado, se trataba de un espacio donde María Celia no era conocida, lo que
le ofrecía un mayor grado de anonimato, por otro lado, allí residía su hermano
Miguel, militante de Montoneros, quien había sido secuestrado y liberado, lo
que facilitaba una red mínima de contención en el nuevo destino.
26
Ídem.
La historia de María Celia: reflexiones en torno a la reconstrucción
de la experiencia del insilio
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Llegó a Rosario aproximadamente en mayo de 1977. El ritmo de la charla
comienza a ser mucho más fluido y con más detalles, aunque no están ausentes
los silencios. Allí inició una etapa de “peregrinar por pensiones”, dificultades
económicas y laborales, controles permanentes y miedo constante: “caían los
milicos en las fábricas (...) caían a las pensiones. Siempre… era vivir en el
terror”.
27
Comenta que si bien en ese tiempo había mucha facilidad para
conseguir trabajo, el problema era que cuando les pedían los papeles para
formalizar se veían obligados a abandonar el lugar. En la búsqueda de algún
tipo de inserción en esta nueva ciudad, encontró un espacio seguro en la
Escuela de Títeres,
28
donde no se pedían documentos ni había presencia
policial: “una escuela que para los milicos ni existía”.
29
Allí descubrió la
profesión que la acompaña hasta el presente. Además, entabló una amistad con
Mari, quien a finales de 1977 les alquiló la mitad de una casa a ella y a su
hermano, sin papeles. Al tiempo, llegó a vivir con ellos la mujer de su hermano
con su hijito, quien también estaba siendo perseguida por su militancia. Como
la casa tenía una única habitación, María Celia decidió irse: “y me quedé
nuevamente en la calle [risas]”.
30
Se trasladó a una pensión, pero a su parecer,
eso podría significar la misma exposición que estar en la calle.
En diciembre de 1977, en el marco de las fiestas, María Celia se encontró con
sus padres y su hermana menor en la Casa del Encuentro, una casa de curas
ubicada en Maciel, Santa Fe. Allí coincidió con el padre Santidrián, integrante
del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM),
31
quien residía en
27
Ídem.
28
Fue fundada en 1974 como Escuela Nacional de Títeres, dentro de la órbita de la Dirección
Nacional de Enseñanza Artística (DINADEA). Su primer Rector fue Alcides Moreno (a quien
nuestra entrevistada recuerda ya que se trató de la persona que le mostró el camino de los títeres),
siendo la primera y única Escuela de Títeres del interior del país. Luego, en 1986 pasó a ser
Escuela Nacional de Teatro y Títeres, incorporando además de la carrera de Títeres, la carrera de
Actor. Seguidamente, en 1987 incorpora las carreras de Dirección y Profesor de Teatro. En 1997
dentro del marco de la Ley de Transferencia de Establecimientos Educativos, la Escuela es
transferida al Gobierno de la provincia de Santa Fe. Para mayor información véase:
https://escueladeteatroytiteres.com.ar/resena-historica/
29
Entrevista realizada el 24/12/2024.
30
Ídem.
31
El Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) se originó a partir del Manifiesto de
los 18 obispos para el Tercer Mundo” en 1967. En Argentina, surgió en 1968 a raíz de un
encuentro en el que adhirieron al mensaje 270 sacerdotes. Este movimiento, que se desarrolló en
la dictadura autodenominada “Revolución Argentina (1966-1973), al calor de las luchas populares
y la formación de distintas organizaciones, acompañó los reclamos por la libertad de los presos
políticos y por mejores condiciones de detención, siendo en ocasiones sus propios miembros
perseguidos y afectados por la cárcel. Si bien se fracturó en 1973 debido a adhesiones políticas
irreconciliables, las tareas de denuncia y solidaridad de los integrantes o ex integrantes del MSTM
con los represaliados se mantuvieron durante la última dictadura militar (1976-1983). Algunos
de ellos, durante este período, fueron perseguidos y encarcelados y muchos se volcaron a tareas
de solidaridad y defensa de los derechos humanos, integrando los organismos que se fueron
conformando; manteniendo relaciones con pastores metodistas y de otras congregaciones;
brindando información y apoyo a familiares de detenidos y desaparecidos; denunciando la
represión o facilitando refugio o una salida segura del país a los perseguidos (Scocco, 2020).
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ese lugar junto a un grupo de niños. A pesar de declararse atea, María
Celia asistió a una charla impartida por el sacerdote, cuya apertura ideológica
y profundidad conceptual la sorprendieron gratamente. Fue en ese marco que
le planteó, de manera informal, realizar una obra de títeres para los niños.
Aunque no recuerda con precisión el argumento de la obra, conserva en
detalle la imagen de los títeres confeccionados con chala de choclo, recolectada
de los campos aledaños. A partir de esa intervención, el cura, sin saber su
situación, le propone trabajar en los hogares de menores dentro del proyecto
HOPROME,
32
que ofrecía contención a niños en situación de calle o
institucionalizados. María Celia aceptó el ofrecimiento y expresó que, por
primera vez experimentó una sensación de seguridad y estabilidad: “tener una
casa para mí, una casa que no me fueran a buscar”.
33
A partir del año 1978, se
hizo cargo de 14 adolescentes en un hogar ubicado detrás del Colegio Los
Ángeles, en el centro de la ciudad de Rosario. El relato de esta etapa está lleno
de anécdotas, momentos de alegrías y también revela la densidad del tejido
clandestino que subsistía en plena dictadura. Por ejemplo, una señora que
colaboraba en el hogar resultó ser la madre de un ex responsable suyo,
secuestrado.
La figura del padre Santidrián
34
ocupa un lugar central en su memoria de este
período. María Celia lo recuerda con profunda emoción, ya que fue una de las
pocas personas a las que logró confiarle su historia. Durante la entrevista, al
evocarlo, se quebró y compartimos un momento de gran carga emotiva que
culminó en un abrazo. Este sacerdote había tenido numerosos amigos y
compañeros secuestrados, por lo que comprendía profundamente su historia.
María Celia lo consideraba un verdadero amigo y valoraba haber podido confiar
en él, a diferencia de otras personas cercanas, como Mari, a quien también
sentía como una amiga, pero a quien eligió no contarle nada para protegerla.
En 1979, se mudó con su hermana menor, Ana, a una casa de barrio San
Francisquito, en la zona oeste de la ciudad de Rosario, ampliando el proyecto
32
El Hogar de Protección al Menor (HOPROME) fue fundado en 1976 por el cura Tomás Santidrián
y se trata de una ONG dedicada a rescatar menores en riesgo físico, social o moral, procedentes
de familias problemáticas y de extrema pobreza. (La Capital, Rosario, 02/12/2013) ase:
https://www.lacapital.com.ar/la-ciudad/murio-el-padre-santidrian-fundador-del-hoprome-
n430644.html
33
Entrevista realizada el 24/12/2024.
34
El cura Tomás Santidrián fue uno de los adherentes del “Manifiesto de los 18 obispos para el
Tercer Mundo” e integrante de este movimiento que realizó importantes acciones de denuncia y
solidaridad con los presos políticos tanto en los años previos como durante la última dictadura
militar (1976-1983). Debido a la tarea de Santidrián en la colaboración con los familiares de los
represaliados, fue invitado por Manuel Blando, presidente de la delegación local de Rosario de la
CONADEP, a participar de esta, pero el Obispado no le permitió integrarse (Scocco, 2020).
La historia de María Celia: reflexiones en torno a la reconstrucción
de la experiencia del insilio
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de crianza colectiva de niños. Dentro de este relato me interesa remarcar lo
siguiente:
Eran chicos… Cada uno era un problemón, ¿no? Pero bueno, se adaptaban.
Era una casa libre. Ellos cuando llegaban creían que estaban presos,
entonces se escapaban por la ventana… hasta que entendían que la puerta
estaba abierta [sonríe]. Y se empezaron a quedar. Siempre llegaba uno nuevo,
los organizaba y se fugaban todos. Entonces salía Omar [el vecino] con el
Citroen a buscarlos por el parque Independencia hasta que los encontraba
[risas].
35
Me resultó interesante la utilización de las palabras “presos”, “escapar”,
“organización” y “fuga” como si hubiera ciertas similitudes entre su vivencia y
la de estos chicos, los cuales también eran perseguidos por la policía, sufrían
razzias y en este hogar se encontraron ambas historias, compartiendo cierta
“libertad”.
A lo largo del proceso de entrevistas, la testimoniante desarrolló diversas
reflexiones críticas en torno a su experiencia militante. En particular, durante
el segundo encuentro, emerge una evaluación contundente sobre la
denominada “contraofensiva”,
36
a partir del recuerdo de la llegada de un casete
grabado por Mario Firmenich en el que se convocaba a participar activamente
en dicha estrategia. Según su testimonio: “hacía todo un análisis político súper
erróneo de en qué situación estábamos para hacer la contraofensiva ¡un delirio!
Yo lo escuché, me acuerdo, y me pareció un delirio total”.
37
Sin embargo, esta
afirmación da lugar a ciertas tensiones en su propio relato. La intensidad con
la que descalifica la iniciativa, señalándole como un “delirio”, contrasta con una
experiencia posterior que ella misma refiere: mientras cursaba en la Escuela de
Títeres, consideró seriamente la posibilidad de retomar su militancia. Esta
intención surgió al enterarse de que una docente de música y su esposo eran
militantes. Frente a eso acordó una cita con su pareja con el objetivo de discutir
su posible reinserción política. Sin embargo, el encuentro nunca llegó a
concretarse, ya que él nunca se presentó. A partir de este hecho, María Celia
reflexiona que, de haberse producido esa cita “me enganchaban.
38
35
Entrevista realizada el 24/12/2024.
36
La Contraofensiva fue una estrategia propagandística, política y militar, impulsada por la
conducción de Montoneros en octubre de 1978 frente al temor de la organización de dejar de
representar una alternativa política para la sociedad argentina luego de dos años de “exilio
orgánico” y represión dictatorial. La jefatura montonera pronosticaba un aumento de la
conflictividad sindical para 1979 y pretendía dirigirlo disponiendo la entrada clandestina de las y
los militantes desde el extranjero para realizar atentados y acciones de propaganda en el país.
Entre 1979 y 1980, s de doscientos montoneros y montoneras ingresaron en secreto con el
objetivo de alimentar el descontento social que, suponían, existía con el régimen militar que
gobernaba en Argentina desde el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Cerca de noventa de
ellos resultaron asesinados y desaparecidos en la clandestinidad (Confino, 2022).
37
Entrevista realizada el 24/12/2024.
38
Ídem.
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“¿Y nosotros?”
Uno de los momentos más significativos de la entrevista con María Celia se
articula en torno a una pregunta profundamente reveladora: “¿Y nosotros?” Este
interrogante, formulado por ella y su hermano Miguel, surge como reacción a
un proyecto de ordenanza impulsado por el Concejo de Rosario,
39
destinado a
reconocer a los exiliados no solo moral sino también económicamente. Frente a
esta propuesta, relata:
Con Miguel nos preguntamos ¿y nosotros? Nosotros que vivíamos en la lona
siempre, viste, porque éramos los dos titiriteros. Bueno, siempre fue difícil la
situación económica. Sobre todo antes de ser titiriteros, que andábamos
escondidos y que se yo. (...) Entonces como que ahí sentimos que nosotros,
que habíamos estado exiliados y seguíamos siendo exiliados en nuestro país,
no teníamos cómo nombrarnos, cómo existir, cómo ser. Por eso me alegro que
haya aparecido una palabra que nos nombre. Y bueno, íbamos a hacer una
carta, yo hasta la redacté, que se yo, pero bueno, no… Se ve que nos dio
vergüenza, andá a saber, no existió voluntad de… Una lástima, hubiera sido
bueno un reconocimiento, porque había mucha gente en nuestra situación.
Muchísima.
40
Aquí se puede ver claramente cómo vincula su propia historia individual dentro
de un colectivo social que busca romper con el silencio y exigir el reconocimiento
de su protagonismo histórico. Además, a partir de este relato, se hizo necesario
preguntarle si en algún momento había recibido una indemnización. La
respuesta fue negativa. Sin embargo, aclaró que tampoco hubiera querido una
por su militancia, ya que no se consideraba víctima sino que había asumido su
compromiso político de manera consciente. No obstante, reflexiona sobre la
posibilidad de un reconocimiento más amplio, por los años en los que no
pudieron tener una carrera universitaria, ni acceder a una vida plena y libre.
Esto permite visibilizar no solo el sufrimiento y la pérdida de vínculos, sino
también las consecuencias económicas que el insilio tuvo sobre sus vidas: la
imposibilidad de acceder a trabajos formales por miedo a ser identificados, la
precarización laboral, y la elección de oficios “independientes”, como los títeres,
para poder subsistir.
Otro aspecto central de la entrevista es la posibilidad de nombrar la experiencia.
Le pregunté directamente:
A.D: ¿Qué te parece que haya una palabra que le ponga nombre? ¿Te sentís
representada con eso [el insilio] o no?
39
Queda pendiente para futuras investigaciones la búsqueda y análisis del proyecto citado.
40
Entrevista realizada el 17/06/2025.
La historia de María Celia: reflexiones en torno a la reconstrucción
de la experiencia del insilio
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M.C: Si, a me alegró. (...) Me alegró que aparezca esa palabra porque, como
vos decís, no sabíamos cómo nombrarnos o cómo juntarnos, cómo pensarnos.
Está bueno pensarnos desde una palabra que nos aglutina. A mí me pareció
genial porque muchas veces lo pensé yo, lo pensé junto a Miguel, ¿viste?
41
Este momento fue revelador en la entrevista. A pesar de que utiliza la expresión
“como vos decís”, lo cual puede hacer pensar en una posible influencia de mi
parte y contaminar su interpretación, lo cierto es que el concepto de insilio fue
apropiado por la entrevistada, le permitió ponerle nombre a su experiencia,
darle sentido y abrir nuevas reflexiones. Como ella misma sostiene luego, la falta
de nombre estuvo directamente relacionada con el aislamiento que vivieron:
A.D: ¿Por qué crees que se demoró tanto en nombrar al insilio? (...)
M.C: Tal vez porque quedamos como aislados entre nosotros. No casualmente
es en Córdoba ¿viste? En rdoba hay un movimiento muy grande de ex
militantes de la JUP. (...) Entonces me parece que ahí no se estuvo tan aislado
entre los compañeros que quedaron en el insilio.
42
En este punto, reflexiono sobre el valor del concepto en la entrevista. El uso de
la palabra insilio funcionó como una herramienta para que la entrevistada
pudiera narrarse, reconocerse y también colectivizar su experiencia. La
identidad, entendida como una construcción constante, constituida por la
experiencia lo que nos permite introducir la dimensión temporal y una
posición relacional se reconfigura a partir de nuevas formas de nombrarse y
ser nombrado (Pasquali, 2014). La persecución la obligó a silenciar quien era,
cuáles eran sus ideas políticas, su proyecto de vida y futuro colectivo que
definían su identidad. Se trató de un proceso que transformó su subjetividad en
donde las organizaciones políticas no pudieron dar respuesta, sufrió pérdidas
afectivas considerables, pero si bien fue un momento de aislamiento,
desarticulación y falta de apoyos materiales, logró construir redes humanas
fueron una base primordial para la supervivencia de estos años de terrorismo
de Estado.
María Celia, como otros tantos, no encontró un corte definitivo en 1983. La
desconfianza y el miedo no se disiparon con el retorno democrático ya que en el
nuevo contexto su propia identidad militante “subversiva” siguió teniendo
consideraciones negativas, por lo que, por este motivo, perduró el silencio. Su
respuesta ante su imposibilidad de volver a militar de forma partidaria se la
atribuye a su “desconfianza” a los dirigentes peronistas que comenzaron a venir
después de la democracia. No obstante, este escenario comienza a modificarse
como resultado de las luchas impulsadas por el movimiento de derechos
humanos, que venía cuestionando desde hace varios años la sistemática
violación de derechos durante el terrorismo de Estado. En este contexto, las
41
Ídem.
42
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políticas impulsadas por el gobierno de Néstor Kirchner en materia de
memoria, verdad y justicia, especialmente la reapertura de los juicios por delitos
de lesa humanidad, marcaron para María Celia un punto de inflexión subjetivo:
fue entonces cuando pudo sentir tranquilidad y resignificar en términos
positivos su militancia de los os setenta. Ella misma destaca que estos
procesos fueron decisivos para frenar la impunidad y “hace que los militares
hoy no estén en la calle”.
43
Su posterior participación en Documenta Baigorria,
a partir del año 2010,
44
da cuenta de una forma renovada de militancia, ya no
necesariamente ligada a un partido político, sino orientada a la construcción de
memoria colectiva y al acompañamiento de procesos judiciales vinculados a los
derechos humanos.
Reflexiones finales
El insilio marcó un antes y un después en la trayectoria política y en la
subjetividad de María Celia. Al poner en evidencia las limitaciones de
organizaciones que no pudieron dar respuesta al conjunto de sus estructuras,
muchos militantes quedaron a merced de redes previas o teniendo que construir
nuevos lazos sociales para garantizar su supervivencia. Al mismo tiempo, esta
situación implicó una pérdida del sentido del proyecto de vida personal y político
que la militancia implicaba. De esta manera, la experiencia de nuestra
entrevistada pone en evidencia cómo el régimen represivo instaurado buscó no
sólo eliminar la militancia social y política, sino también desarticular las
organizaciones políticas y sociales, sembrar el miedo y consolidar un modelo
neoliberal sustentado en la fragmentación social. Las secuelas de ese sistema
persisten tanto en las trayectorias vitales como en el presente de la entrevistada,
atravesado por un contexto político actual que reproduce algunos de los
lineamientos fundamentales de aquel modelo.
A diferencia del exilio, que consigucohesión e identidad a partir de la denuncia
a la dictadura, la actividad política, la solidaridad y la proyección internacional,
el insilio está asociado al silencio y la invisibilización. Por este motivo, constituye
una experiencia colectiva que ha quedado silenciada y negada en su
nominación, impidiendo que sus afectados puedan reconocerse en un colectivo
(Gatica & Casola, 2023). No obstante, siguiendo a Viano (2005), las historias de
vida y la historia oral contribuyen a pluralizar distintas dimensiones de la vida
social, disolver homogeneidades y fáciles generalizaciones o a cuestionarlas y
relativizarlas. De esta manera, al servirnos de estas herramientas podremos
43
Ídem.
44
No obstante, esta no se trató de la primera experiencia de militancia en derechos humanos. A
partir del año 2003 comenzó a participar de la “Comisión Popular por la Memoria”, la experiencia
previa a Documenta Baigorria.
La historia de María Celia: reflexiones en torno a la reconstrucción
de la experiencia del insilio
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insertar la experiencia de María Celia no como un caso excepcional sino en un
contexto más amplio de movilidades y visibilizar el insilio como una forma de
afectación del terrorismo de Estado en la Argentina.
A lo largo del trabajo surgieron dudas, inseguridades y tensiones entre la
fidelidad de la fuente y el análisis, es decir, la necesidad de no caer en la
reproducción de las interpretaciones del entrevistado y poder plantear las
posiciones propias. Al volver a escuchar la entrevista, no que no dejaba
espacio a los silencios. Este aspecto metodológico me lleva a repensar cómo esos
silencios también pueden hablar y cuánto puede perderse al interrumpirlos, un
punto clave para futuras investigaciones. Pero el trabajo no está concluido, sino
que es el primer paso. Siguiendo a Portelli (1991), el carácter inconcluso de las
fuentes orales se debe a la imposibilidad de agotar toda la memoria del
informante ya que los datos extraídos en la entrevista son siempre el resultado
de una selección producida por la relación mutua. Asimismo, de estos
encuentros algo cambió tanto en la entrevistada como la entrevistadora: por mi
parte se instaló el interés de seguir explorando el universo de la historia oral,
realizar nuevas preguntas, otros análisis sobre este trabajo y, en un futuro,
indagar de forma comparativa otras experiencias del insilio. Por parte de la
entrevistada, es notorio su deseo de poner en palabras lo vivido: hace unas
semanas me comentó su interés por construir un monólogo de teatro y poder
presentarlo para contar su historia. Esto nos demuestra la tarea central que
tenemos como investigadores/as de ponerle palabras a los silencios, reparar
dolores y subrayar la noción de agencia humana y de protagonismo de los
sujetos que actuaron y pensaron sus propios presentes (Kippes & Ortiz, 2023).
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Recibido: 31 de marzo de 2026
Aceptado: 03 de abril de 2026
Versión Final: 04 de junio de 2026