Presentación
Luciano Alonso
Anuario Nº 39 / ISSN 1853-8835 / 2023
http://anuariodehistoria.unr.edu.ar/ojs/index.php/Anuario/index
Esta obra está sujeta a la Licencia Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional de Creative
Commons. http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
Presentación
LUCIANO ALONSO
Universidad Nacional del Litoral
lpjalonso8@gmail.com
En ocasiones, conviene preguntarse si aquello que nos convoca tiene una existencia
material que no de cosa, pero sí del orden de lo realmente existente. La expresión
“teoría de la historia” carga con la ambigüedad del término, ya que como muy
frecuentemente se observa “historiarefiere a un objeto de estudio, al contenido del
pasado, a una materia dada, y al mismo tiempo a su conocimiento, a una disciplina
científica, a una forma de producción de saberes. En el segundo sentido, la noción
de “teoría de la historiografía” impone una mayor claridad y no se carece de textos
que ofrezcan visiones más comprehensivas o más fragmentarias bajo ese título o el
anterior. Pero como es conocido las agendas que se entiende propias de los dominios
de la investigación histórica han ido cambiando en las sociedades occidentales y
revisándose en las últimas décadas en los espacios no europeizados. Entonces, ¿qué
supone hoy hablar de la teoría de la historiografía?
Obviamente, cualquier reflexión sobre el estatuto epistemológico, los encuadres
teórico-metodológicos o las opciones procedimentales y conceptuales relativa a la
disciplina histórica entraría dentro de ese continente tan vasto y poco definido. Pero
también es correcto preguntarse q tendrían de específicas las preocupaciones
teóricas respecto de la historia entendida como producción académica, respecto de
todas aquellas otras propias del amplio campo de las ciencias humanas y sociales.
En su momento, consciente de las múltiples superposiciones entre esos dominios
académicos, Julio Aróstegui intentó distinguir entre una teoría de lo social y una
teoría de lo histórico (Aróstegui, 2001: cap. 4). Como lo planteó, las tensiones
inherentes a la explicación histórica, como ser las opciones entre objetivismo y
subjetivismo, estructura y agencia o individualismo y holismo, atraviesan las
propuestas de las demás disciplinas. Problemas como las categorías esenciales del
análisis social como ser reproducción, conflicto, cambio, etnia, género y clase; la
cuestión de la identificación de la acción y la estructura, su dialéctica y la postulación
de sus sentidos; la relación entre lo individual y lo colectivo, entre lo ideal / cultural
y lo material / social o entre lo humano y lo no humano; la definición de la experiencia
Presentación
Anuario Nº 39, Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Artes (Universidad Nacional de Rosario), 2023
ISSN 1853-8835
y de la existencia real y virtual de los agentes, actores o sujetos, son
coextensivos a muchas otras ciencias y entran en rigor en el plano más abarcador de
la teoría social. Así, cuando un historiador como William Sewell Jr. se manifiesta
preocupado por la definición de la estructura debe debatir con los planteos de
sociólogos como Anthony Giddens y Pierre Bourdieu y podría haberlo hecho con
Margaret Archer, quien discutió su conceptuación y al tratar sobre la cultura o los
acontecimientos debe tener en cuenta los trabajos de antropólogos como Clifford
Geertz y Marshall Sahlins (Sewell, 2005; Archer, 2014). En esa senda de diálogos y
en fuerte vínculo con la reflexión sociológica, incluso, han primado en los últimos
tiempos las soluciones sintéticas como las aportadas por las teorías de la
estructuración.
La época de los “giros” de la historiografía, inaugurada por el giro lingüístico y el
cultural hacia los años de 1970-1980 si bien clivajes anteriores habrían merecido
igualmente tal nombre, ha puesto repetidamente en cuestión el modo de
construcción de los objetos de investigación y los sustentos teóricos de esos virajes
en estrecho vínculo con teorías producidas en otros lugares disciplinares. Los giros
narrativo, crítico, pragmático, micrológico, ambiental, material, afectivo y varios otros
que han sido propuestos, en ocasiones simplemente racionalizando y puliendo
prácticas ya existentes, se han formulado bajo el impacto de las agendas de la
reflexión teórica de las ciencias humanas y sociales. A su vez, la interdisciplinariedad
y la formación de especialidades que son abordadas con los insumos provenientes de
distintas tradiciones abonaron un “giro historiográfico” en disciplinas como la
sociología, la economía y el derecho, que facilitaron indagaciones sobre el carácter
compartido o específico del saber histórico. Podría decirse entonces que aspectos
sustantivos del debate sobre los enfoques y conceptos de la producción
historiográfica se juegan en el amplio campo de la teoría social y que, en todo caso,
corresponde a una teoría de la historiografía posicionarse respecto de ellos, en vínculo
con los desarrollos de la disciplina respecto de las formas de producción de
conocimiento sobre el pasado.
Sin embargo, hay algunas temáticas que podrían entenderse como específicamente
históricas, en el sentido de propias de las preocupaciones de la disciplina, o que se
presentan con acusado y especial interés en las disputas historiográficas. No hay
dudas incluso de que algunas visiones generales sobre los aspectos epistemológicos,
científicos y escriturales de la historia en tanto modo de conocimiento guardan
particular autoridad pese al paso de los años. Repasar aportes como los de Agnes
Heller (1993) o Sigfried Kracauer (2010) puede resultar un ejercicio imprescindible,
pues la actualidad de un pensamiento no se mide por el año de la edición original
sino por la capacidad para movilizar reflexiones en el presente. Y aunque tratar de
enunciar una “agenda” para una teoría de la historiografía al día de hoy sea
imposible, es sí factible repasar algunos de los grandes ejes del debate en torno a las
dimensiones teóricas.
LUCIANO ALONSO
Anuario Nº 39, Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Artes (Universidad Nacional de Rosario), 2023
ISSN 1853-8835
Sigue siendo un problema frecuentemente visitado el que alude a las
formas de la verdad y de la verosimilitud en la historiografía, con mojones de
importancia en lo que hace a la cuestión de la convalidación argumentativa, al
carácter de los hechos del pasado, al sentido de lo acontecido y al acceso a los estados
subjetivos pretéritos. Ha quedado atrás ya el período del desafío posmoderno y el de
una declamada “crisis de la historia”, aunque como lo demostrara Gerárd Noiriel
hubo desde muy tempranamente trances similares y podrían identificarse varias en
paralelo de diversa entidad (Noiriel, 1997), con lo que en definitiva parece ser que
ciertas tensiones son consustanciales al modo de existencia de la disciplina y que
quizás las agendas no varíen tanto, sino s bien los énfasis y estilos. La
historiografía no abandonó su carácter de discurso con pretensión de verdad y buscó
articular más claramente la inferencia empírica propia de los modelos tradicionales
con la inferencia lógica, la morfología, la especulación controlada y la simple y llana
admisión de la incertidumbre o la duda. En palabras de Georg Iggers,
Si bien la fe en el pensamiento histórico, ya sea en el sentido rankeano o del
positivismo científico social, ha sufrido un fuerte remezón, ha sido modificada antes
que repudiada. Los historiadores todavía proceden bajo el supuesto de que estudian
un pasado real, aun cuando entiendan lo complicado que resulta reconstruirlo. (…)
Las complejidades de la investigación histórica, ya ampliamente reconocidas, han
conducido a un aumento y a una mayor diversidad de interpretaciones; también al
reconocimiento de que en la historia no hay respuestas finales sino un diálogo
continuo. Tal reconocimiento no significa que estas interpretaciones sean meros
productos de la imaginación, por más que la imaginación sea parte del proceso de
interpretación. (…) Por supuesto, no hay interpretación que sea completamente libre
de aspectos ideológicos, pero todas ellas están sujetas a una lógica de indagación
que requiere de honestidad intelectual (Iggers, 2012: 260-261).
Otra cuestión de fuerte presencia en la teoría de la historiografía es la de la
temporalidad, asociada a las de la permanencia o duración y la del cambio o
transformación. La acumulación, ritmo, niveles o dimensiones, singularidad o
repetibilidad, irreversibilidad y reversibilidad del tiempo histórico son algunos de los
aspectos que merecen atención. Nociones como la de “estratos del tiempo” (Koselleck,
2001) o la de “regímenes de historicidad” (Hartog, 2010) vienen marcando los debates
de las últimas décadas, atravesados también por renovados acercamientos a las
elaboraciones inspiradas por Walter Benjamin o Jacques Derrida. Tal vez dentro de
este campo destaquen las numerosas reflexiones sobre el acontecimiento, cuyo
pendant está dado por la posibilidad de definición de una época y por tanto de
enunciados totalizadores que la caractericen a partir de un fenómeno o conjunto de
fenómenos.
Íntimamente vinculado con esos temas está el problema del manejo de la
temporalidad en el discurso historiográfico, que se empalma asimismo con la forma
narrativa. Aunque hay diferencias sustanciales entre modos analíticos o
Presentación
Anuario Nº 39, Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Artes (Universidad Nacional de Rosario), 2023
ISSN 1853-8835
interpretativos del discurso historiográfico, ya carece de mayor sentido
la distinción tajante entre explicación y comprensión, admitiéndose generalmente
que toda historiografía supone algún tipo de narración de hecho, es curioso que
hace unas décadas se haya proclamado su retorno cuando nunca se había ido si
bien hay notables discrepancias respecto de las peculiaridades del relato. Quizás uno
de los frentes abiertos sobre las narraciones históricas es el que hace a la articulación
de las escalas micro y macro, con la tensión entre microhistoria e historia global (Levi,
2018). Esos debates se relacionan con cuestiones más amplias de la teoría social,
como la distinción entre lo general y el caso puntual, el particularismo y el
universalismo, la excepcionalidad y la norma. Pero en la historia esas tensiones
aparecen muy vinculadas con el problema de la verdad y del acceso a lo real, en el
seno de la tendencia a los “giros”. Probablemente sea en el problema de la
reconstrucción verosímil del pasado donde se juegue la mayor o menor potencialidad
de enfoques que enfatizan ora las redes, ora la superposición de dimensiones y
escalas de análisis o incluso la misma noción de sistema. En ese sentido la
postulación de historias como la general, la comparada, la interconectada y la global
fueron hitos con amplios antecedentes y con relaciones con otras disciplinas, como
la geografía crítica o la sociología histórica, que en ocasiones trataron de superar la
reducción a lo micro y a la hiperespecialización de los estudios históricos (Conrad,
2017; Osterhammel, 2015).
En los últimos tiempos también se ha hecho foco en los problemas de la escritura de
la historia en sentido estricto, incluyendo no solo los problemas de la inferencia, la
demostración del método y la secuencia argumentativa sino también los recursos
retóricos, la voz de quien narra y las voces del pasado, el uso del potencial en el
reconocimiento de la incertidumbre y otros muchos tópicos. Le asiste razón a Carlo
Ginzburg cuando plantea que la cuestión de la escritura es solo una más de las
facetas que hacen al “taller del historiador” y que los problemas de método deberían
estar en el centro de la reflexión historiográfica (Ginzburg, 2018). Pero también es
correcto que la dimensión escritural adquiere una envergadura propiamente
epistemológica y que la superación de la homologación de la historia con la literatura
ha permitido apreciar mejor los aspectos literarios del discurso historiográfico. La
proposición de un esclarecimiento de esos aspectos y de su articulación con las
operaciones disciplinares ha tenido un nuevo marco de debates con la obra de Ivan
Jablonka (2016), una de cuyas derivas ha sido una meditada reflexión sobre la voz
del autor o autora (Traverso, 2022).
Por fin, en este ligero repaso hay que destacar toda una dimensión de problemas
abierta con el “giro memorial” en la relación entre historia y memoria y como un
debate vinculado pero parcialmente independiente entre historia y política. Pasado
el momento de una gran productividad respecto de los marcos teóricos para el
abordaje de las memorias entre fines del siglo XX e inicios del XXI, han quedado como
cuestiones firmemente asentadas las reflexiones sobre la relación dialéctica entre
LUCIANO ALONSO
Anuario Nº 39, Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Artes (Universidad Nacional de Rosario), 2023
ISSN 1853-8835
memoria e historia, la historización de los procesos traumáticos y el
vínculo entre memoria, olvido e “historia pública”. Al fin y al cabo, parece que
Halbwachs llevaba razón en la idea según la cual la historiografía podía tener algún
papel en la construcción de memorias sociales, en una “memoria histórica” que no
era un oxímoron (Halbwachs, 2004).
Sin duda hay muchos más problemas o cuestiones de las cuales la teoría de la
historiografía podría encargarse. En este dossier, optamos por tomar algunas de las
dimensiones en debate que nos parecen pertinentes y que se encuentran de una u
otra manera vinculadas a los comentarios anteriores.
En su artículo “La voz del historiador. El ‘yo’ en las estrategias narrativas de los
relatos historiográficos (1980-2023)”, Jorge Marco se propone analizar el “giro
autobiográfico” de las últimas décadas. Registrando los fuertes debates que se
produjeron en torno a la puesta en entredicho de las estrategias narrativas que
difuminaban la presencia del autor o autora, dotando a la obra de una ilusión
cientificista, repasa tendencias como la autobiografía, la ego-historia, las “ventanas
autobiográficas y familiares” y los “diarios de campo etnográfico”. En todas ellas
aparece la cuestión de la implicación de quien escribe, lo que ha llevado a la
imputación de una suerte de “escritura subjetivista”. Jorge pone en dudas ese
diagnóstico e intenta una evaluación ponderada de las potencialidades y limitaciones
de esos modos escriturales, abogando finalmente por nuevas formas de expresión
que convoquen a un público ajeno a la academia.
Incluimos luego de Paula Godinho el texto “Tiempo y futuro. Ensayo sobre prácticas
posibles: escapismo, luchas inmediatas y acción colectiva”. Allí, Paula se preocupa
por el modo en el cual sujetos históricos concretos han desarrollado prácticas que
enlazan la vida cotidiana con las expectativas de futuro. Revisa a ese propósito tres
vías de dar forma a la experiencia que permiten organizar la vida y lidiar con el
tiempo: el escapismo, las resistencias cotidianas o “luchas inmediatas” y el
entusiasmo revolucionario. Su reflexión entrelaza las temporalidades
experimentadas y las historizadas, tratando de apreciar las implicaciones de las
relaciones con el pasado y con el futuro. Su trabajo supone la consideración de lo
que todavía no es, de los procesos paralelos, de lo que lo que existe y lo que puede
existir, poniendo en cuestión la consideración lineal de la temporalidad.
“Hacia una historia crítica. Notas en torno a las tesis de Walter Benjamin”, de Roberto
Pittaluga, se detiene en la ptima tesis sobre el concepto de historia del autor alemán
y en particular en la idea de “pasarle a la historia el cepillo a contrapelo”. Aborda en
detalle las implicancias epistemológicas y políticas de esa tesis, alejándose de la idea
según la cual haría referencia simplemente a un cambio especular en el signo
valorativo de los acontecimientos o personajes. Repasa entonces las dimensiones que
abre el texto benjaminiano en términos de revisión de la escritura y la lectura de la
Presentación
Anuario Nº 39, Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Artes (Universidad Nacional de Rosario), 2023
ISSN 1853-8835
historia, de la postulación de un régimen temporal sustentado en la
discontinuidad y el salto, y de la dilucidación del sujeto de la historia. En orden a
este último aspecto, preguntarse por lo que supone “cepillar” la historia a contrapelo
implica también abrir el debate hacia las formas de vínculo entre quienes la hacen,
la escriben y la leen, en función de una práctica emancipatoria.
El dossier se cierra con un artículo suscripto por mismo, titulado “La noción de
‘teatro’ en el discurso historiográfico”. Intento allí bucear en los modos en los cuales
un cierto enfoque teatral puede ser de utilidad, sea como herramienta analítica, sea
como recurso escritural. Recuperando los modos en los cuales dos tradiciones
diversas aplicaron de diversa manera instrumentos propios del género dramático la
teoría crítica de Marx y Benjamin por un lado y la historia social y la sociología
histórica anglosajonas por el otro, con ejemplos como los de Tilly, Steinberg,
Thompson, Zemon Davis y Samuel, propongo ir más allá del uso metafórico y
propender a un aprovechamiento de esos insumos en la construcción de
explicaciones narrativas y en la renovación de escritura de la historia.
Esperamos que estas breves exploraciones en el amplio continente de la teoría de la
historiografía sean admisibles como muestras de los problemas que siguen
atravesando a la disciplina. Sin dudas de estas páginas no se extraerán recetas o
modelos, sino que con suerte pueden ser apenas un acicate para la profundización
de la reflexión y los debates. Frente al riesgo de que la historiografía se cierre en su
modalidad academicista y en la comodidad de las convenciones, aspiramos
simplemente a colaborar en la inevitable y constante transformación de las prácticas.
Porque la disciplina histórica, como lo recuerda LaCapra (2006), está ella misma
siempre en tránsito, como experiencia humana de la que intenta dar cuenta.
Bibliografía
Archer, Margaret S. (2014). Teoría social realista. El enfoque morfogenético. Santiago
de Chile: Universidad Alberto Hurtado.
Aróstegui, Julio (2001). La investigación histórica: teoría y método. Barcelona: Crítica.
Conrad, Sebastian (2017). Historia global. Una nueva visión para el mundo actual.
Barcelona: Planeta.
Ginzburg, Carlo (2018). Cinco reflexiones sobre Marc Bloch. Rosario: Prohistoria /
Contrahistorias.
LUCIANO ALONSO
Anuario Nº 39, Escuela de Historia
Facultad de Humanidades y Artes (Universidad Nacional de Rosario), 2023
ISSN 1853-8835
Halbwachs, Maurice (2004). La memoria colectiva. Zaragoza: Prensas Universitarias
de Zaragoza.
Hartog, François (2010). “Sobre la noción de gimen de historicidad. Entrevista con
François Hartog”. En Delacroix, Christian; Dosse, François y García, Patrick.
Historicidades. Buenos Aires: Waldhuter.
Heller, Agnes (1993). Teoría de la historia. México: Fontamara.
Iggers, Georg G. (2012). La historiografía del siglo XX. Desde la objetividad científica
al desafío posmoderno. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.
Jablonka, Ivan (2016). La historia es una literatura contemporánea. Manifiesto por las
ciencias sociales. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Koselleck, Reinhart (2001). Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia.
Barcelona: Paidós.
Kracauer, Siegfried (2010). Historia. Las últimas cosas antes de las últimas. Buenos
Aires: Las Cuarenta.
LaCapra, Dominick (2006). Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica.
Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Levi, Giovanni (2018). “Microhistoria e Historia Global”. En Historia Crítica N° 69.
Noiriel, Gérard (1997). Sobre la crisis de la historia. Madrid: Cátedra.
Osterhammel, Jürgen (2015). La transformación del mundo. Una historia global del
siglo XIX. Barcelona: Crítica.
Sewell Jr., William H. (2005). Logics of History. Social Theory and Social
Transformation. Chicago y Londres: The University of Chicago Press.
Traverso, Enzo (2022). Pasados singulares. El “yo” en la escritura de la Historia.
Madrid: Alianza.